Mi quehacer con migrantes y refugiados

 

por: Diana Muñoz Alba

 

La Hna. Diana Muñoz Alba, mejicana, pertenece a la Congregación de Franciscanas Misioneras de María (FMM). Arriesgando su vida, la hermana Diana y su comunidad se entregan cada día por la defensa de las mujeres , por la dignidad de los migrantes y de las personas desplazadas.

 

Como muchas personas, mis andanzas en esta lucha de la defensa de los derechos de las personas migrantes y refugiadas comenzó sin saber mucho del tema. Estudié derecho con la firme convicción de que era la mejor carrera para poder incidir más concreta y profesionalmente en favor de los más vulnerables.

 

Aún recuerdo perfectamente cuando mi provincial me preguntó: ¿quieres estudiar? Con cierto temor respondí que sí. La siguiente pregunta fue: ¿qué quieres estudiar? Sin pensarlo por un momento le respondí: quiero estudiar derecho. Ella se sorprendió y me preguntó: ¿por qué esa carrera?, y al escuchar mi respuesta me dijo: ¡Busca la universidad e inscríbete!

 

El primer día en el aula uno de los profesores, que me impartió clases del primero al último día de la licenciatura, nos pasó al frente a presentarnos y decir por qué habíamos optado por esa licenciatura, todos mis compañeros y compañeras expresaron que, porque era una carrera de prestigio que dejaba dinero, porque querían ser juez, notario, magistrado, porque su papá, abuelo, tío etc. eran abogados etc. etc. Cuando me tocó el turno de presentarme dije que había elegido la licenciatura en derecho porque yo era religiosa y las misiones en las que había estado había visto muchas injusticias y que yo quería ayudar a las personas pobres que no tienen para pagar un abogado… El rostro del profesor se transformó y comenzó a decirme que él se encargaría de que yo no me titulará, que él no iba a formar abogados para defender a delincuentes, me dijo que él se juraba a sí mismo y me juraba a mí que yo no me titularía.

 

En ese momento supe que lograr el título de abogada no sería nada fácil. Tuve que pelear con todo por mi título, lo único que me sostenía en todo momento era el objetivo por el que había decidido estudiar esa licenciatura.

 

Mientras estudiaba me fui involucrando poco a poco en el mundo de los derechos humanos y más en concreto en el mundo de los migrantes.

 

Ahora que esta etapa de mi vida como estudiante de derecho es ya historia sé que valió la pena cada desvelo, cada humillación, cada esfuerzo; aunque el profesor hizo hasta lo imposible por hacerme desertar de este objetivo, yo también tuve que dar no el 100 sino el 200 por ciento para demostrar que merecía el título.

 

Una vez que terminé de estudiar me comprometí de lleno en el acompañamiento de procesos legales y asesorías a migrantes. Estuve al frente del área de derechos humanos en La 72, una casa para migrantes en el sureste de México.

 

Wendy

 

Una de las primeras historias que me tocó escuchar fue la de Wendy, una mujer hondureña que a los 11 años había sido secuestrada por una de las maras al salir del colegio. La subieron a un auto y la llevaron a una casa en donde fue la mujer del jefe de la mara hasta los 27 años que logró escapar. Había tenido cinco hijos y en realidad no sabía quién era el padre de estos ya que cuando

 

el jefe se reunía con los miembros de su grupo y estaba contento por algún buen trabajo que habían realizado les permitía que la violaran a ella como premio por su buen desempeño.

 

Desde que la metieron a esa casa nunca más volvió a ver la luz del sol ni saber de su familia. Muchas veces pensó en quitarse la vida, pero lo único que le mantenía en pie era el amor a sus hijos y la fe de que algún día lograría escapar de esa situación y volver a ver a sus hermanas y su madre.

 

Un 24 de diciembre, la mayor de sus hijas ya tenía 11 años cuando su padre, el jefe de la mara, la violó y se la ofreció a los miembros de su grupo para que la violaran también… la misma edad que Wendy tenía cuando fue secuestrada… Esto le hizo llegar al extremo de la desesperación y el amor a sus hijos le hizo jurarse a ella misma que no permitiría que a sus hijas vivieran lo mismo que ella había vivido.

 

Comenzó a pensar de qué manera podía escapar con sus cinco hijos. Estaba en una casa encerrada desde los once años y lo único que recordaba era que para llegar ahí la llevaron en un carro y se adentraron mucho tiempo en la selva.

 

El 31 de diciembre de ese mismo año el jefe de la mara invitó nuevamente a todos sus amigos, ya drogados y borrachos. Las volvieron a violar a ella y a su hija de once años, la casa estaba cerrada como siempre y ella estaba muy lastimada de sus pies y su cara porque el día anterior el jefe de la mara la había golpeado muy fuerte con un alambre y le había tumbado dos dientes.

 

Una vez que se quedaron dormidos todos los miembros de la mara ella llamó a sus cinco hijos al baño y por una pequeña ventana que estaba muy alta y que ella había visto como la única posibilidad para escapar comenzó a hacer cadena para que salieran sus hijos y finalmente salió ella con mucha dificultad. Comenzó a correr por el bosque con sus hijos durante toda la noche.

 

Al salir del bosque le pidió a un taxista que la llevara al barrio de donde ella recordaba que era. Cuando por fin entró a la casa de su mamá donde esperaba verla a ella –que era otro de los motivos por los que alimentaba la esperanza durante tantos años de poder escapar– solo vio a su hermana quién se emocionó mucho de verla. Al preguntar por su mamá la hermana le dijo que su mamá había muerto hacía dos años y que había muerto llorando por ella, que había sufrido mucho desde el día que no regresó de la escuela.

 

Su hermana le dijo que tenía que salir del país porque ese señor no iba a descansar hasta encontrarla.

 

Su hermana la acompañó a dejar a sus hijos con otra de sus hermanas que vivía muy lejos de la casa materna y le juntaron un poco de dinero para que saliera del país de inmediato, con el dolor en el corazón por dejar a sus hijos de quién nunca se había separado ni por un momento, y a sus hermanas a quienes había reencontrado después de tanto tiempo salió de su país.

 

Aún recuerdo el rostro de esa mujer cuando la vi entrar a La 72. En el registro ella me comentó que venía huyendo porque había estado secuestrada y que quería que le ayudara a traer a sus hijos porque si no ese señor los iba a matar… Era la primera historia de una mujer migrante que yo escuchaba…

 

Posteriormente continué acompañándole en el duelo de haber perdido a su mamá porque ella sentía que era la culpable de su muerte.

 

Comenzó su procedimiento de solicitud de refugio y a los pocos días me dijo que tenía que regresar a su país porque ya habían encontrado a su hermana y a sus hijos y que le daban tres días para que

 

regresara porque si no les iban a matar. A pesar de todo lo que había vivido y cómo había concebido a sus hijos ellos eran todo lo que le daba sentido a su vida.

 

Con su rostro cubierto en llanto me dijo: “Hermana, me voy porque no podría vivir sin mis hijos, aunque sé que de todas maneras los van a matar delante de mí para verme sufrir y después me van a matar a mí…”.

 

Le di mi número de teléfono y le dije que me llamará si en algo le podía ayudar, que si lograba escapar la esperaba de regreso.

 

Con gran dolor e impotencia la vi partir y nunca más supe nada de esta mujer. Esta historia, así como el rostro de esta mujer quedó muy grabada en mi mente y en mi corazón porque era la primera vez que escuchaba algo tan doloroso y en ese momento la verdad es que tampoco sabía mucho sobre la existencia de las maras.

 

Después de esta he escuchado cientos de historias de dolor y sufrimiento de mujeres y adolescentes que han sido raptadas por las maras para hacerlas sus mujeres, y como niños, adolescentes y hombres que son reclutados a la fuerza para pertenecer a estos grupos delictivos.

 

Después de algún tiempo en este servicio a migrantes y refugiados me doy cuenta que quienes atendemos a esta población tenemos que tener muy presente el objetivo y la pasión del primer amor a esta misión porque de lo contrario siempre se corre el riesgo de acostumbrarse a las historias de dolor. Ante tantas emergencias y la carga de trabajo que siempre nos supera es importante hacer un alto ante uno mismo y ante quien nos ha llamado a este servicio para pedir un corazón misericordioso ante las personas que se acercan para solicitar apoyo o para contar su historia de dolor que muchas veces es la primera vez que se atreven a abrir el corazón para compartir sus vidas. Es ahí donde se hace necesario mantener la convicción del por qué y para qué se está en este tipo de misiones.

 

El contexto de miedo y violencia generalizada

 

La situación de violencia y corrupción que se vive en los países de origen expulsa diariamente a miles de personas que paradójicamente arriesgan su vida en estos caminos para salvar la vida.

 

Por otro lado la corrupción de los gobiernos que solo piensan en sus intereses, la falta de interés por crear fuentes de trabajo y la vinculación de muchas autoridades con los grupos delictivos genera mucha desconfianza en las personas y no se atreven a denunciar las injusticias de las que son víctimas ya que si se atreven a hacer del conocimiento de las autoridades las amenazas que están sufriendo, son las mismas autoridades las que les informan a estos grupos quién les ha denunciado y esto les pone en una situación de mayor riesgo.

 

Últimamente ha habido personas que han manifestado que la misma Comisión Nacional de Derechos Humanos está informando a las maras cuando una persona se presenta a interponer alguna queja. Esta situación genera mucha desconfianza y las personas prefieren salir del país para ponerse a salvo.

 

El servicio a los migrantes en Chiapas

 

A principios del año 2018 después de algún tiempo de servir a los migrantes y refugiados en La 72, nos encontrábamos cuatro hermanas Franciscanas Misioneras de María (FMM) en espera del envío a nuestra nueva misión y de pronto me llama Daryl, una de las hermanas que habíamos salido de la 72, para decirme que en Salto de Agua (Chiapas) unos sacerdotes Misioneros del Verbo

 

Divino (SVD) tenían una casa para migrantes y que estaban buscando una congregación religiosa para atender esta pastoral de la parroquia ya que ellos tenían más de cien comunidades que atender en la parroquia y no podían asumir esta misión.

 

En ese momento supe que algunas veces, Dios quita algo que nunca pensamos o quiso perder para darnos algo que nunca pensamos tener o poder.

 

Hasta ese momento yo no conocía a los SVD más que por su librería en la capital, y del municipio de Salto de Agua no sabía de su existencia, sin embargo lo único que sabíamos era que deseábamos continuar con esta misión de servir a los migrantes y refugiados, porque quienes han trabajado en algún momento con personas migrantes y refugiadas no me dejarán mentir: Este servicio es tan apasionante que te genera como una especie de adicción, es decir no puedes volver atrás y quedarte de brazos cruzados cuando conoces la vulnerabilidad de estas personas.

 

Misión intercongregacional

 

Llegamos con mucho entusiasmo a Salto de Agua a finales de febrero del año 2018 cuatro FMM para comenzar nuestra misión con migrantes y refugiados en colaboración con los SVD.

 

El 3 de marzo del mismo año, después de varios años que la parroquia había designado un espacio para servir a los migrantes, comenzamos en “Betania Santa Martha” esta nueva aventura de servicio, un servicio que definitivamente solo a través de redes de apoyo es posible responder a esta misión.

 

Uno de mis sueños como religiosa siempre fue trabajar en redes, misiones interreligiosas y servir en las fronteras. En esta misión siento que todos mis sueños se hacen realidad día a día. Los SVD son una congregación misionera internacional que tiene muchas similitudes con nuestra congragación FMM, como son: misiones en lugares marginados, viven en comunidades internacionales e interculturales, la opción por los pobres, el trabajo por la justicia y la paz, la contemplación del Verbo Encarnado y el envío a la misión internacional.

 

La misión en colaboración con los SVD no es fruto de una amistad, sino de un llamado común a dar respuesta a esta realidad emergente de los migrantes. Es la misión misma la que va uniéndonos e invitándonos a descubrir las riquezas de cada congregación y desde ellas dar lo mejor de nuestros carismas y espiritualidad para que esta pueda dar fruto. Así como se hace necesario el trabajo intercongregacional para responder a los desafíos que se nos presentan, es necesario tejer redes de solidaridad con diversas ONGs.

 

La Casa del Migrante

 

Teníamos un poco más de un mes en esta misión cuando nos tocó vivir la dolorosa experiencia de ver a una mujer de 24 años con un embarazo de seis meses caer de la “bestia” y perder la vida sobre las vías del tren. Ella al igual que muchas mujeres había salido de su país expulsada por la pobreza dejando dos hijos y una hermana que cuidara de ellos en busca del sueño americano, con la promesa de comprar un solar y construir una casa para no tener que sufrir más con sus hijos… El sueño americano de esta mujer quedó truncado sobre las vías del tren como el de muchas otras personas que salen de sus países con el deseo de un mejor futuro para ellas y sus familias y sobre todo en busca de paz y bienestar.

 

A un poco más de un año en esta misión con migrantes nos ha tocado ver como la vida de siete personas quedó truncada. Son experiencias de mucho dolor e impotencia a las que hemos tenido que hacer frente. Además de ver todos los trámites legales hay que dar contención a la población

 

que le toca presenciar estas dolorosas escenas que les hace entrar en pánico al tomar conciencia de que pudieron ser ellos.

 

Además la situación extrema por la que salen de sus países los migrantes y refugiados, todas las violaciones a sus derechos de las que son víctimas en el camino: en el municipio de Salto de Agua –que es donde está la casa– hay situaciones de mucha inseguridad y xenofobia hacia los migrantes, por un lado existen redes de tráfico de personas en las que están involucradas todas las autoridades, desde el presidente municipal y el director de seguridad hasta los elementos de la policía, sus familias y los choferes de taxis y combis.

 

Hace un par de semanas fuimos dos de las hermanas y el párroco a hablar con el director de seguridad para expresarle nuestra preocupación en relación a todo el acecho que tenemos en la casa de migrantes por parte de los coyotes y a manifestarle que tenemos conocimiento sobre la existencia de las casas de seguridad que existen para traficar a los migrantes, la extorsión que viven de parte de autoridades y la explotación por parte de los transportistas.

 

La respuesta del director de seguridad fue muy violenta, se puso a la defensiva como si le estuviéramos señalando directamente a él. Al día siguiente misteriosamente amaneció un migrante muerto fuera del albergue. Le habían matado a pedradas dejándole su cabeza y su rostro completamente desfigurados. Lo más extraño es que no había ni una sola piedra cerca del cuerpo. Lo que se rumora en el pueblo es que a esta persona la mataron en otro lugar y fueron a dejarnos el cuerpo cerca de la casa para intimidarnos.

 

Son diversos los casos en los que se comete algún delito por parte de alguna persona de la población y culpan a los migrantes. Por otro lado, hay rumores de que las autoridades están incitando al pueblo para que se quejen de la casa de migrantes, se rumora que están recabando firmas para exigir que se cierre la casa de migrantes.

 

Tenemos conocimiento de que esta zona es una de las más peligrosas en cuanto a tráfico de órganos, tráfico de personas, armas, drogas, ganado etc. De que las autoridades de todos los niveles están involucradas en este tipo de delito.

 

Han ocurrido varios accidentes en los vehículos que transportan a los migrantes de madrugada en los que varias personas migrantes han perdido la vida, y de esto nadie dice nada porque se sabe que las autoridades están involucradas en ello.

 

Preocupaciones

 

Últimamente una de nuestras grandes preocupaciones es el gran número de varones que están viajando con niños y niñas de uno a tres años y que no traen documentos de estos niños. Nuestra preocupación es que estos niños y niñas estén siendo utilizados para el tráfico de órganos ya que en México este problema es cada vez más serio.

 

Son interminables las historias y situaciones extremas que día a día acompañamos y vivimos: dolor, alegría, ánimo, desanimo, muerte, vida, impotencia, injusticias, solidaridad y riesgos a los que nos enfrentamos en esta misión con migrantes. Todo un reto, todo un desafío, que lejos de desanimarnos nos impulsa a seguir en pie de lucha poniendo nuestro granito de arena en esta lucha por la justicia y los derechos de migrantes y refugiados.

 

Para cerrar este compartir quiero referirme a la situación tan preocupante de las caravanas: todas las casas de migrantes están desbordadas, no es posible dar respuesta a ello, no se cuenta con los recursos ni humanos, ni económicos, ni con la infraestructura, se intenta dar respuesta a ello sin embargo es desbordante la situación.

 

La carga de trabajo es cada vez mayor, la voluntad de quienes recibimos a las personas que van llegando y solicitan nuestro apoyo es también cada vez mayor, sin embargo, las fuerzas físicas no son las mismas, nos faltan personas comprometidas en este tipo de misiones, tanto de la iglesia como de la sociedad.

 

Si bien es cierto la casa Betania Santa Martha no se encuentra en la ruta de las caravanas, también lo es que al ser dispersadas las caravanas por las autoridades o el crimen organizado las personas van buscando otras alternativas para continuar su camino, ya que no es opción para muchas personas regresar a su país.

 

Se desconoce quién está detrás de las caravanas, lo que sí es un hecho es que las personas están siendo manipuladas. Las personas de los poblados por los que van pasando se van endureciendo cada vez más y las mismas autoridades están dando un doble discurso ante estas situaciones: por un lado el Presidente de la República promete documentos, trabajo y seguridad, y por otro lado algunos presidentes municipales están instando a sus ciudadanos a negar alimentos y agua a las personas, a cerrar las tiendas para que salgan lo antes posible de su territorio. Es una situación muy compleja que nunca se sabe en qué desembocará la situación tanto para los migrantes que están siendo manipulados como para el país que no tiene la capacidad para dar respuesta a esta realidad.

 

Es toda una aventura trabajar con migrantes y refugiados. Es imposible evocar todos esos momentos inolvidables y anécdotas que se llevan en la alforja, que dejan huella en el corazón y la memoria, una bella y noble misión que me lleva a la reflexión y confrontación de mi ser y hacer.

 

No me queda más que reconocer y agradecer todo lo que esta bella misión me ha dado. He aprendido en este tiempo de servicio a migrantes y refugiados lo que nunca hubiera podido aprender en ninguna universidad. Esta misión me ha dado todo lo que como religiosa he soñado: misión intercongregacional, trabajo en redes, trabajo en equipo y lo más valioso servir en esta realidad de frontera a nuestros hermanos y hermanas migrantes y refugiados.

 

Diana Muñoz Alba F

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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